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Cada fase evolutiva se presenta unida a conflictos de personalidad global
La aparición del “no” se produce durante el transcurso del segundo año de la vida del niño. Acceder al “no” le permite llegar a una completa distinción entre si mismo y los demás, sobre todo descubre que puede ser independiente de su madre. Está pasando por un estado de descubrimiento y reconocimiento de si mismo.
Esta etapa no comienza en todos los niños a la misma edad, depende del desarrollo psicomotor, por lo tanto de la maduración del sistema nervioso. Se reconoce porque el niño empieza a sentirse un ser individual y descubre que es único, tiene la necesidad de demostrar que no es alguien que depende de los demás y comienza a negarse a cumplir órdenes.
Durante este período el niño tiene la necesidad de demostrar a través de su “no” que él manda también. Cuando ha escuchado -¡no!- ha sido siempre cuando tocaba algo prohibido o peligroso, o hacía algo que no gustaba a los mayores. El ejerce entonces ese “poder” del –NO- al sentirse contrariado en su negación, lo que le provoca rabietas, pataletas, llanto, gritos, en definitiva, se niega a cumplir las indicaciones del adulto para reivindicar su independencia.
Este comportamiento en el niño es totalmente impulsivo y experimenta con el un nuevo aprendizaje…y ¡ojo!: de las respuestas obtenidas resultarán muchos comportamientos futuros. Sus educadores tienen en esta fase una difícil tarea. Si somos demasiado permisivos se volverá un pequeño tirano y si se le niega cada cosa con tensiones, pueden fijarse en su psique conductas neuróticas. Del correcto manejo de esta importante “crisis de los tres años” resultará un adulto sano y con una personalidad equilibrada.
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