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La evolución emocional del niño debe de estar ajustada correctamente desde su nacimiento

Los comportamientos que adoptamos de niños, en circunstancias concretas, pueden ser reproducidos a lo largo de la vida sin darnos cuenta. El ejemplo sería una matriuska rusa donde cada muñeca está metida dentro de otra. Nosotros somos esa matriuska dentro de la cual se encuentran agrupadas todas las etapas de desarrollo evolutivo de una persona. Cuando no hemos conseguido superar correctamente algunas de estas etapas críticas de la niñez, nos quedamos detenidos psicológica y emocionalmente en una edad.

 


Todos tenemos comportamientos infantiles en un momento u otro, forma parte de una conducta común. El problema es que los interlocutores no suelen entender que la actitud extraña del otro es consecuencia de una regresión psicológica a las etapas de la niñez. “¿Por qué mi mujer se encierra llorando en la habitación?” “¿por qué mi marido, si le llevo la contraria, estrella los platos contra el suelo?” -estos serían ejemplos de rabietas propias de los tres años efectuadas por mayores cuando son contrariados. Como si una de las pequeñas muñecas del interior de la matriuska no hubiera superado su crisis de crecimiento de la fase de negación y saliese, adquiriendo todo el protagonismo. Todas las edades están metidas en el “envase” del adulto.

 

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